4. Martín Lutero

Cuarto tema del curso de hermenéutica.

Martín Lutero (1483-1546) ya no usa la regula fidei como eje hermenéutico de su comprensión de la Escritura. En el centro de la autoridad está la Palabra (la Escritura), pues ahí está Dios. Ya no es la Iglesia la que autentifica la Biblia, sino que la Biblia autentifica la Iglesia. La Escritura, por hablar solo de Cristo, es toda ella Evangelio (analogia Scripturae o analogia evangelii) y, por tanto, certísima por sí misma, totalmente abierta e intérprete de sí misma. No interpretan los alegoristas, ni el Papa; no hacen falta la Tradición o el Magisterio. Es el mismo Espíritu quien interpreta la Biblia, desde la lectura de la Biblia misma. Ella misma se critica. La Escritura es apostólica, por anunciar y portar a Cristo salvador. El criterio de canonicidad es el testimonio de Cristo. El sentido de la Escritura sentido es literal. Solo podemos pasar al sentido simbólico si el texto empuja a ello; manteniendo siempre el sentido literal, que es sencillo y claro.

El testigo principal de Cristo es Pablo. La idea fundamental —la realidad con la cual está en pie y sin la cual cae la Iglesia— es la justificación del pecador por Dios en Cristo. Cuanto más lejos esté un libro del testimonio de Pablo, más lejos estará de Cristo (como Santiago o Apocalipsis). Lutero se queda, fundamentalmente, con la Carta a los Romanos y a los Gálatas.

Para Lutero, ley y Evangelio no coinciden con el A. T. y el N. T. El Evangelio está escondido en el A. T., que se revela en el Nuevo. Moisés y los judíos solo interesan si coinciden con la ley natural. Por eso, el A. T. no obliga, solo indica cómo obedecer a Dios. Además, el A. T., en cuanto Ley, indica a Cristo; pues nos lleva a considerar nuestras miserias, y, como promesa, mira hacia Cristo y su Iglesia. Este es el sentido espiritual del A. T. para Lutero, rechazando los libros deuterocanónicos. La «Ortodoxia Protestante» llevó el principio de sola Scriptura al extremo, llegando a cada coma y signo masorético, que llevó al literalismo material.

En los textos de Lutero aparece el tema de la conciencia. Esta se apoya en argumentos racionales sobre la Escritura, para defenderse frente al Papa y el Magisterio. Se ve la Iglesia como la «congregación de los santos», que enseña el Evangelio y administra los sacramentos. La unidad viene por estas dos cosas.